martes, 1 de diciembre de 2020

El ocaso de las leyes, o el imperio de los ídolos

El ocaso de las leyes, o el imperio de los ídolos

 

Qué es una sociedad? Una restricción de la subjetividad. Es decir, una ley. Es decir, una estructura.

 

La sociedad es el diseño institucional de las interacciones.

 

Como toda estructura, es un orden que opera desde dentro. Si las instituciones son relaciones sociales ordenadas, y la sociedad es el conjunto ordenado de las instituciones, el orden social es una estructura, y la sociedad es la actualización del orden normativo subyacente a, o de la ley que establece el orden latente de, las interacciones (T. Parsons).

 

Por eso, la sociedad es aquello que impide que los hombres puedan hacer simplemente lo que quieren.

 

Una sociedad partida es una estructura partida, o fallada. Pero como una estructura es ella misma una escisión -un orden simbólico fundado en una prohibición-, una estructura fallada (o evaporada) da lugar a la emergencia de una no-partición subjetiva, de una ausencia de escisión, a una plenitud sin ausencia, esto es, a una subjetividad irrestricta (Hobbes).

 

La sociedad es lo contrario de la plenitud. Sin sociedad, la plenitud emerge irrestricta, y con ella, la pura vida sin límite, que es lo mismo que la pura muerte sin freno.

 

El fracaso de la sociedad se traduce en la actualización del deseo de plenitud. La plenitud es un sustituto del orden, es el mito que sustituye a la ausencia del orden. La plenitud es la identidad mítica. En ella se sustituye al orden mortal -es decir, legal- por el mito del dios inmortal.

 

La muerte, como límite de la vida, es una ley. La inmortalidad es una excepción, una singularidad no sujeta a la ley. La muerte, como la ley, se rige por el criterio de ‘todos’ (‘para todo X...’). En cambio la inmortalidad, que necesariamente es mítica e imaginaria, consiste en la postulación de la hipótesis de existencia: ‘existe por los menos un X que...’ (esto es, una singularidad que no está sujeta a la Ley, que es igual para todos). Por eso, el mito de la inmortalidad es una consencuencia, un corolario del mito del hombre excepcional, del hombre que no es hombre sino dios; esto es, del ídolo.

 

El mito de la plenitud no puede aceptar la muerte del ídolo, del hombre-dios. El rechazo del duelo es el rechazo del tiempo, de la ruptura con el presente eterno, de la aceptación de la finitud. La estructura es finitud, es imposibilidad de la plenitud propia del dios. Por eso, en el mito del dios, la muerte del dios equivale a su pasaje a la inmortalidad, que se traduce en la obturación y forclusión de la Muerte simbólica, que es Ley general, Lenguaje, Sociedad.

 

La sociedad, que es ley, límite, prohibición y finitud, es Muerte como Orden Simbólico -es decir, es la sustitución de la idea por la palabra, del deseo por la Ley-. La plenitud, que es negación de la mortalidad (rechazo imaginario de la muerte), se actualiza finalmente en la banalidad de la muerte real, en la banalización de la vitalidad y de la mortalidad. La plenitud mítica se traduce en la destrucción real de todo lo existente: es el desierto de lo real, donde ya nada tiene significado.

 

 

Finalmente llega el día en que los diarios titulan: 'Dios ha muerto'. Pero con esa muerte que inmortaliza al ídolo como dios-pleno, lo que realmente ha muerto es la posibilidad de la sociedad. El ídolo muerto es la Plenitud que ya no puede morir, porque es inmortal. Lo que se encuentra de aquí en más forcluido para siempre, es el significado mismo de la vida-en-sociedad.

 

El ídolo -que carece de límites- niega con su existencia la ley, y con ello niega toda regla de convivencia, todo conjunto ordenado de relaciones sociales. La existencia mundana del dios era la tangible evidencia de la posibilidad de negación y re-negación de la sociedad. Su muerte hace que ese ídolo encarne a partir de ahora la representación mítica de dicha negación: el Símbolo de la ausencia de significado de la Sociedad. La sociedad, que es límite, ya no es negada imaginaria, sino simbólicamente, al emerger el significante de la Plenitud como Nombre: así como la Idea se realiza, al devenir símbolo el mito se consuma, y excluye la posibilidad de implementación de la escisión, de la finitud, de las reglas, de la sociedad.

 

Por lo que, una vez que el dios ha muerto, sólo nos queda la Muerte como dios. Cuando sustituimos a las leyes por los ídolos, es el momento de anunciar que la sociedad ha muerto.

 

 

E.F.

(26/11/2020)

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario