recientemente el IDAES de la UNSaM realizó unas Jornadas dedicadas a la discusión de la Sociología y Antropología Pragmática. Como suele ser usual en esta institución, los organizadores armaron por su cuenta todas las actividades y se autoseleccionaron para participar en los distintos paneles y mesas, sin realizar ninguna convocatoria abierta que pudiera poner en peligro su espíritu sectario y su consenso cognitivo subyacente. Por lo que sólo se anunció y publicitó el evento ya organizado de antemano, con el respectivo cronograma de actividades y la lista -cerrada- de expositores.
Ante el conocimiento de un evento de tamaña relevancia y magnitud, y no queriendo quedarme afuera de la discusión de un tema que me resulta tan relevante, elaboré velozmente un esbozo de ponencia, que acerqué a uno de los participantes de la mesa que me parecía más apropiada para la presentación del mismo -la relativa a la discusión entre TAR y teoría social-. La misma fue presentada, pues, fuera de programa, y sin ser admitida previamente en la organización de la misma.
Como esta ponencia no habrá de tener mayor difusión en las actas de las jornadas, ni por ningún otro medio, aprovecho este espacio para difundirla y publicarla, a los fines de que la misma y sus consideraciones y reflexiones no caigan definitivamente en el olvido.
A continuación, pues, publico la ponencia que no pudo ser incluida en las Jornadas sobre Sociología Pragmática, por ausencia de toda convocatoria abierta a la participación en la misma:
La ideología francesa(o la nueva miseria de la filosofía)
Ernesto Funes
(sociólogo de lo social)
(UBA, Flacso, IDAES/UMSaM, Univ. de San Andrés)
‘Luche a tu lado para ti, fue culpa del amor.... dan ganas de balearse en un rincón.’
Homero Expósito
‘Si estamos de acuerdo, por qué discutimos?’
Homero Simpson
Hubo una época en la que para ser sociólogo había que estudiar. De ese ignominioso elitismo vino por fin a redimirnos la sociología pragmática.
Ya podemos prescindir por fin de aquellas tediosas lecturas que consumieron tantas horas desperdiciadas de nuestra juventud. Hoy tenemos una sociología adecuada a la era de los millenials: la sociología 2.0, que se escribe en 140 caracteres. O mejor, que ya no se escribe: la ciencia por fin se confunde con la vida, es un relato más que etnografiar, uno más de las etnociencias, los saberes impuros y sociolectos de la vida cotidiana. Como todo lo que ocurre en la historia siempre sucede dos veces, nuevamente se vuelve a cumplir la profecía que anticipó que hoy en día ya es lo mismo ser derecho que traidor; que todo es igual y nada es mejor, con sus previsibles consecuencias. Pero en esta ocasión, a la vez como farsa epistemológica, y tragedia de la sociología.
Pero calma, pues aún nos quedan -Dios nos guarde!- San Laurent, San Bruno y San Luc, novísimos profetas del ANTiprofetismo neotardeano.
Después de todo, en la era del hiperpresente y la post-verdad, el Ministerio de la Verdad -desde hace décadas en manos de la Escuela Francesa- se ocupa de borrar los nombres y pulverizar los rastros de A. Schutz, H. Garfinkel y Herbert Blumer, para sacar de sus cenizas el germen mismo de la ‘teoría del actante-rizoma’.
Método etnográfico ‘al uso nostro’ (‘follow the actors!’), sincretismo fenómeno-interaccional-etnometodológico, microsociología de la ciencia, filosofía barata y zapatos de goma constituyen el nuevo ensamblado humano/no humano que sustituye a los saberes globales del ayer, según la conocida máxima de la era de la post-verdad (llamada teoría de la ‘epreuve’) que sostiene que ‘quien controla el pasado controla el presente, y quien controla el presente controla el futuro’.
Ahora bien, cuando ya hubimos acordado que por fin podemos prescindir de los clásicos, de pronto aparencen los neo-tardeanos, los retro-tardados, los Tar-atareados, los tar-areados, los neo tar-ados, o como quiera que se los denomine (sabemos que la mayor parte de su tiempo y esfuerzo lo dedican a inventarse cada día un nuevo nombre).
Los ‘a-sociólogos’, parece que también les gusta, y admito que me parece muy justo y apropiado.
El sociólogo thatcherista L.B. Nos informa (fiel a su estilo, tardíamente) que: ‘La sociedad no existe’. Bueno, ‘un problema menos’, como diría Forrest Gump.
Sabido es que, cuando los franceses traducen algo de algún otro idioma, la humanidad entera aprende algo nuevo (que ya había sido descubierto, e incluso olvidado, treinta años antes, pero sin tanto escándalo). Cuando, treinta años despues de su publicacion original, se traducen finalmente al francés los trabajos de Schutz, Garfinkel, y el interaccionismo simbólico, de esa ensalada sazonada con un poco de Nietzsche y el infaltable mayo del 68 surge la sociología pragmática francesa. Si no me creen, sugiero leer el trabajo De M. Corcuff, ‘Las nuevas sociologías’, con su catálogo de novedades francesas todas ellas extraídas del museo de la sociología americana del siglo XX.
La escuela francesa es simplemente la forma populista -esto es, anti-intelectualista- de la sociología; que consiste en la mixtura entre sociología americana por un lado, y nacionalismo militante antinorteamericano por otro, sazonada por la juvenilia neo-nietzscheana tardía y más envilecida del mayo francés. Su consigna de guerra siempre fue: ‘abajo el sistema’; que equivale a decir: ‘abajo la teoría de sistemas’; o, lo que es lo mismo: ‘abajo la sociología americana’; o en otras palabras: ‘abajo Parsons’. Su patriotico rechazo antiimperialista es tal, que el mismo se transforma en la fuente de la olímpica ignorancia que les impide percibir que todas sus novísimas ideas no son sino una repetición de las viejas consignas de la tradición interaccionista americana clásica. Así, por rechazar a Parsons - y confundir a Parsons con la sociología estadounidense en general- devienen en los anacrónicos e inconscientes militantes de la escuela de Chicago; que se ufanan de reencarnar bajo la forma de actantes humanos y no humanos el programa original/final del interaccionismo simbólico.
Del ‘el sociologo no es otra cosa que un investigador’ de P. Bourdieu, al descubrimiento tardío de la sociología fenomenológica y la etnometodología: los franceses, que en sociología siempre llegan tarde -pero entusiastamente- a todo, se empeñan en forcluir la constatación de que detrás de Parsons se encuentra E. Durkheim. Es con esa carga culpógena de fondo que reniegan de su propia tradición; y abrazan, treinta años más tarde, los descubrimientos de aquella escuela que por su origen proclaman detestar: la de la microsociología de la ciencia (última perla de la etnometodología americana), para reeditar de ese modo el viejo debate entre interaccionismo y estructuralismo -que por cierto hace rato también ya ha sido superado por la moderna teoría de sistemas (esto es, por la Escuela Alemana; pero mejor evitemos encender nuevamente la chispa del conflicto en el seno de la UE, en la era del Brexit y la secesión catalana).
Así pues, el último aforismo de moda es: ‘Weber ha muerto: ha nacido la sociología pragmática’. Han nacido la TAR y sus seguidores -a los cuales, insisto con mi duda, cómo hemos de llamar?- Ha nacido, pues, la sociología de los ‘actantes’ - que no es otra cosa sino una sociología sin pasado, esto es, una sociología para lactantes.
La liquidación final de una sociología hace largo tiempo moribunda se anuncia hoy con las fanfarrias que acompañan a la famosa consigna antes mencionada, que es el lema de nuestro tiempo: ‘Follow the actors!’ (Callon, 1986; Rial, 2001). Así, lo que naciera como una epopeya científica, y fuera una vocación y un oficio de 200 años, acaba finalmente por explicitar y llevar a la práctica el sueño más profundo que alberga en su corazón todo sociólogo pragmático de nuestro tiempo: llegar a ser, en un día no muy lejano, no otra cosa más que un movilero de ‘Intrusos en el Espectáculo’.
Casi para terminar quiero anotar la siguiente reflexión, que requiere -perdón!- de una referencia erudita que confiesa mi juvenil pecado de lector: en el antepenúltimo párrafo del Epílogo de la segunda edición de El Capital, K. Marx nos cuenta que, de joven, se divertía con sus biliosas diatribas al encumbrado Hegel, al que tan cruel y minuciosamente supo pulverizar; pero que treinta años más tarde, al leer las cosas que se escriben en ese mismo tiempo, cree que es necesario y urgente volver a leer al viejo Hegel. Muy modestamente he de decir que, salvando las evidentes distancias, a mí me ocurre algo parecido: en los años de mi formación estudiantil, allá por fines de la década del ‘80, detestaba tener que leer ese puré en el que Giddens y Bourdieu habían convertido a la sociología, trocando la teoría sociológica en una mera caja de herramientas. Pero cuando hoy en día leo los lamentables engendros de la así llamada ‘sociología pragmática’, me arrepiento de aquel jactancioso desprecio juvenil, y considero que, frente a los autores de la teoría del actante-rizoma, Giddens y Bourdieu tienen la envergadura de Platón y Aristóteles. Ya no pido que leamos a Parsons, a Adorno, a Habermas o a Luhmann: pero creo que es urgente que volvamos a releer una vez más aunque más no sea, los viejos libros setentistas de Giddens o Bourdieu. A pesar de sus esfuerzos, había todavía allí un esfuerzo por sostener en pie a la teoría sociológica. Y eso es lo que hoy está ya definitiva y explícitamente ausente.
Creo en lo personal que hay efectivamente dos sociologías. Lo que las diferencia es que en una de ellas -la de antes- para ser sociólogo había que estudiar; y en cambio en la otra -la de ahora- alcanza con prender el grabador. Alguna vez existió -cuentan los grandes relatos- una sociología con ambición, ejemplos, hazañas y espíritu de gigantes. Lo que hoy se nos ofrece bajo el nombre de ‘nueva sociología’ no es otra cosa que una sociología con espíritu de hormigas.
Díganme Uds., de corazón, si no dan ganas de balearse en un rincón.
Pero lo que se proclama a tambor batiente como ‘el fin de la sociedad’, no es otra cosa que la decadencia y degradación final de la escuela francesa. La sociedad no ha muerto, pues nunca ha muerto la Escuela Alemana.
Quisiera ahora sí finalmente concluir con una cita que tiene reminiscencias clásicas -ya que, como sociólogo de lo social que soy, creo con Parsons que la cultura es la estabilizadora de la identidad de los individuos y los grupos; y que ello no difiere mucho de lo que ya antes afirmara Marx, al sostener que la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. La misma es la que dice:
“ Y con esto me despido
Sin espresar hasta cuándo;
Siempre corta por lo blando
El que busca lo siguro,
Mas yo corto por lo duro,
Y ansí he de seguir cortando.
....
Es la memoria un gran don,
Calidá muy meritoria;
Y aquellos que en esta historia
Sospechen que les doy palo,
Sepan que olvidar lo malo
También es tener memoria.
Mas naides se crea ofendido
Pues a ninguno incomodo,
Y si canto de este modo,
Por encontrarlo oportuno,
No es para mal de ninguno
Sino para bien de todos.”
(M.F., XXXIII)
Notas
La sociología pragmática no requiere de notas, pues carece de pasado, de referentes, de presente y de porvenir. E.F.

Brutalmente provocador y acertado. Ideal para plantearse la actualidad de la teoría socilógica. Gracias!
ResponderEliminarPD: En defensa del IDAES/UMSAM, me siento en la obligación de decir que el modus operandi de organizar y autoseleccionarse sin ningún tipo de convocatoria, no es exclusivo de tal instución.
Me hubiera gustado mucho el desarrollo de esta excelente idea. Una frustración mas en un país frustrado. A no bajar los brazos, como decía un maravilloso poeta y músico contemporáneo, "un guerrero no detiene jamas su marcha..."
ResponderEliminarExcelente
ResponderEliminarEs un placer recrear aquellas sabias palabras de sociología sistemática.
ResponderEliminarSe advierte en la lectura la vocación de un erudito que da su vida por la defensa de la sociología con mayúsculas. Vaya mi reconocimiento y gratitud.
Excelente análisis, usted dice: "Ya no pido que leamos a Parsons, a Adorno, a Habermas o a Luhmann". Yo digo digo que deberíamos pedirlo, sobre todo Luhmann, Parsons y Habermas.
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